A veces dudaba... yo ardiente fuego, tú gélido hielo.
¿Timidez? ¿Las cosas con calma? ¿Dudas? Todos nos rodeaban e iban avanzando con gran rapidez, mientras tú y yo danzábamos en lenta armonía, a nuestro ritmo e intentando disfrutar de nuestros escasos momentos juntos...
Era invierno, algunos notaban el frío de la estación, otros percibían el frío de nuestra relación, pero no, yo lo negaba todo, ciego de amor.
Tú, Reina de la Escarcha, Emperatriz del Frío Polar, anoche me dejaste helado. El frío invadió mi vida, paralizó mi mundo, congeló mis esperanzas, detuvo mi armonía. Tú, que te marchaste a tu mundo de copos de nieve y me tuviste aislado durante varios días, alimentando mis temores... tú, Reina de la Cobardía y de la falta de delicadeza, con un simple mensaje arrasaste mi país de ilusiones, sin hablarlo ni siquiera. Tú... sólo tú, únicamente tú.
¿Con quién dormiré yo ahora? ¿Con el osito enamorado que no tuve tiempo de regalarte? ¿Con mis pensamientos de tristeza? ¿Con mis temores más profundos? ¿Quién me acomparañá esta noche? Solo... dormiré solo.
Eran las dos y media de la madrugada y yo, de camino a casa, volvía acompañado de dos locos enamorados, una chica optimista, y tus recuerdos agarrados a mi corazón.
Llovía...
No hay comentarios:
Publicar un comentario